MEMORIAS SOBRE LAS BALSAS DE GÁDOR

Memorias sobre las Balsas de Gádor, presentadas en la Exposición Minera de Madrid del año 1.883 y escritas por D. León Gil, auxiliar facultativo de minas y representante de la sociedad minero-fabril Los Leones. (La Crónica Meridional. 28, 29, 31 de julio y 01, 02, 03, 04 y 05 de agosto de 1.883).

LAS BALSAS DE GÁDOR

Hace algunos días nos ocupamos de la riqueza descubierta hace 6 o 7 años en el sitio llamado Las Balsas de Gádor, en esta provincia, y hoy vamos a ampliar más aquellos datos trasladando a nuestras columnas la memoria escrita por nuestro ilustra­do amigo D. León Gil, auxiliar fa­cultativo de minas y representante de la sociedad minero-fabril Los Leo­nes, cuya memoria ha sido presenta­da en la exposición de minería de Madrid en este año, no sin que deje de llamar la atención de cuantas personas han tenido ocasión de leer es­tos datos.

Dice así:

DESCUBRIMIENTO.

“Sesteando un pastor el ganado por los años de 1874 ó 75, observó que un trozo de piedra sobre que cayó el sobrante de yesca encendida que empleó para su cigarro comenzó a quemarse desprendiendo un olor muy característico.

Dejó arder la piedra, y viendo que casi toda se consumía recogió unos trozos y los llevó a Alhama la Seca, dando parte a sus amos del descu­brimiento hecho en Las Balsas de Gádor.

Si bien al pronto no fue atendida su manifestación, no dejaron de darle importancia al insistir aquél nuevamente y presentar otros trozos ar­rancados del mismo lugar, lo que dio margen a que se emplearan algunos jornales en el sitio indicado por el pastor, llegando a descubrirse un riñón de azufre nativo, casi puro, de unos tres a cuatro metros cúbicos.

En su consecuencia, se pidió la concesión de una mina en aquel lu­gar, poniendo al registro por nom­bre La Familia, mas entonces se supo que con algunas horas de antelación  había sido registrado con el nombre de La Gracia el mismo terreno por un vecino  de Gádor, lo que originó desde luego una lucha entre la adquisición  legal y moral del descubrimiento.

Surgieron varios incidentes en la tramitación de los expedientes de ambos registros mineros, más por último, terminó el asunto legalmente, desmarcando  en primer término la Mina La Gracia y a continuación  la mina La Familia, en la mejor parte del terreno, porque, desconociéndole, los registradores de la primera localización fijaron  mal sus linderos.

 Por aquel tiempo se hizo otro registro en lugar próximo con el nombre de El Cordonazo, fijándose en unas tierras, cenizosas que aseguraban contener un buen tanto por ciento de plata, y como a aquellas tierras se le diese el nombre de polvos se conoció después el registro por La Mina de los Polvos.

Al tratar en ésta de cortar por medio de un pozo la continuación del afloramiento, se dejaron colgadas algunas vetas de galena de hoja y se tropezó con una delgada capa de azufre, y siguiéndola, se halló a los pocos metros el centro de una gran bolsada de azufre veteado de superior calidad.

Otro registro localizado a levante de La Familia y que se llamó Amigos del Orden, también descubrió un pequeño afloramiento de azufre en la trancada, punto de partida, mas se perdió la concesión por no cumplir con las prácticas legales.

Además en otra mina nombrada Los Amigos, colocada al Sur de La Gracia, se descubrió azufre nativo, negro, bituminoso, pero al hallazgo no se le dio importancia.

Tales fueron los primitivos descubrimientos, varios de los cuales han sido abandonados y sin que más tarde se hayan hecho otros fuera de los límites marcados por los primeros afloramientos”.

 PRIMITIVOS BENEFICIOS OBTENIDOS.

La mina Segundo Cordonazo, con­trató parte de sus minerales en bru­to, y para obtener algunos fondos tu­vo que dedicarse a la fundición en un mal boliche de ollas de barro, ensayando además las calcaronas con mal éxito.

El precio excepcional de diez pesetas quintal castellano que en aquella época alcanzó el azufre en grano, al pié del boliche, apenas pudo costear sus ruinosas operaciones.

Después de dar la mina a partido estableció el contratista dos hornos de galera, con los que obtenía más de cien quintales castellanos de producción diarias más terminado el mineral de la bolsada, después de varios incidentes, se rescindió o traspasó el contrato de partido y se hizo la venta de la mina por una insignificante cantidad.

La Mina La Familia, sin dedicarse a la fundición porque tenia ventajosa salidas de sus géneros en bruto para el azufrado de los parrales de la provincia, comenzó, no obstante, á fundir una parte de los minerales más ricos, tanto por el precio que alcanzaba el azufre, cuando porque algunos viticultores  preferían el azufre fundido para algunas de sus operaciones.

El horno de galera que estableció era mejor que el primer boliche del Segundo Cordonazo, pero inferior a los establecidos por el contratista del mismo, bien que no extendiéndose más que a fundir dos o tres meses al año, llenaba fácilmente el cupo de sus aspiraciones.

La mina Buen Viento Corre, encontrando abastecido el mercado local, extendió sus miras a la fundición en mayor escala para dedicarse a la exportación del azufre.

Al efecto construyó una fábrica Doppioni, con el modelo modificado por el Sr. Meca, según el sistema, que aún funciona en Lorca en la fábrica La Leona, de donde se tomaron los datos para la nueva instalación.

Más no habiendo tenido en cuenta al establecer este aparato más que la ley de los minerales, pues mientras en La Leona los funden con una riqueza de 17 al 25 por 100 los que trataban Los Leones contenían mas de 50 por 100; el sistema dio un resultado tan ruinoso, que consumió el capital social y gran parte del crédito, hasta que tuvieron que parar toda clase de trabajos.

En esta época quedó por lo tanto La Familia como única productora de azufres en Las Balsas de Gádor, sin extenderse mas que a fundir una corta temporada y expender sus productos fundidos y en bruto a los consumidores de la provincia para el azufrado de los parrales y viñas.

 SEGUNDO PERIODO DE EXPLOTACIÓN.

Este, que entraña el desarrollo de la industria azufrera de la localidad, puede no obstante, considerarse, como vamos a ver, limitado a los trabajos hechos por la empresa Los Leones, dueña de la mina Buen Viento Corre.

La mina Segundo Cordonazo investigó por medio de un pozo, convenientemente localizado, la continuación del filón de azufre,      hasta que convencida de la falta de criadero, tuvo que abandonar el laboreo en profundidad  y dedicarse a investigar alrededor del riñón explotado, a costa de grandes dispendios y sacrificios mas después de convencida de la inutilidad de las nuevas labores, suspendió todos los trabajos.

La Familia, que explotando codiciosamente el primer riñón descubierto, se encontraba en situación apurada, halló otra bolsada algo más al E., y a los 4m. de la superficie, con un azufre tan puro como el primeramente descubierto, y también con ganga yesosa, en cuyas circunstancias le fue fácil abastecer a los consumidores de la provincia.

Buen viento corre, ante la alternativa de abandonar un negocio, que, lógicamente pensando, debía ser productivo por lo potente y rico del criadero, buscó su salvación mejorando el sistema de beneficio, decidiéndose a hacer un estudio detenido de los diferentes métodos establecidos, a fin de implantar aquél que más se prestase á las condiciones especiales de la mina y de la localidad.

Hecho este estudio, resultó no ser aplicables los sistemas Doppioni más que para una pequeña parte del criadero, y como tampoco por la friabilidad de los minerales no diera resultado satisfactorio, el ensayo practicado en Palermo por D. Paolo Grittí representante de la Sociedad privilegiada de fusión al vapor, sólo quedaba como aplicable el sistema de Calcaroni que, por otra parte, es el generalmente seguido para la primera fusión de los minerales de azufre.

Por tanto, se construyeron por la sociedad Buen viento corre algunas calcaronas con las modificaciones introducidas por el ingeniero D. Antonio Calamel, en las minas de Casa Albani en Urbino, y se obtuvieron resultados satisfactorios después de repetidos ensayos, necesarios para establecer la marcha de un tratamiento que varía del de otras localidades por la índole de la ganga que acompaña al mineral.

Así mismo varia la calidad del producto, que en vez de ser de color oscuro, como generalmente se produce en esta clase de fundición, es de calidad tan superior, que compite con ventaja el canutillo producido directamente en estas calcaronas, con el que obtienen en las fábricas de refino de Marsella.

Con esta marcha, la mina Buen Viento Corre pudo extender el campo de sus investigaciones, haciendo aquellas, y en primer término, en la parte O. de su demarcación por donde linda con la mina La Familia, y logrando tales descubrimientos, que la colindante buscó y encontró la continuación del criadero en su terreno, e introduciendo también el sistema de beneficio por calcaronas, aumentó su producción y pudo ya, no solo surtir el consumo local, sino dedicar a la exportación buena parte del azufre obtenido.

Otra mina titulada Fin de Año, buscó y encontró este mismo criadero en el ángulo NE. de su demarcación y corriendo después sus trabajos y descubrimientos al S. ensanchó el campo de laboreo, hasta obtener una regular producción.

 Por fin, el partidario de La Gracia, investigando con un pozo localizado al N., del abierto y abandonado por la empresa, ha cortado también el criadero, y hoy todas sus labores están abiertas en un macizo de mineral.

 YACIMIENTO Y ORIGEN DE LOS CRIADEROS.

Descritas las vicisitudes y circunstancias actuales de las minas de azufre de las Balsas de Gádor, digamos dos palabras de las condiciones geológicas de aquella comarca.

Dos terrenos de muy distinta edad se presentan en la localidad; el triásico y el plioceno. El primero está constituido por calizas y gredas iguales a las que constituyen el resto de la Sierra de Gádor, y entre las que aparecen los yesos y azufres. El segundo aparece formado por margas y calizas que yacen en estratificación discordante sobre los materiales triásicos.

En este terreno hay abiertas varias labores, circunstancia que hizo creer a algunos geólogos que a él se hallaban subordinados los criaderos de azufre, pero es lo cierto, que tanto éstos como los de plomo que han dado celebridad á la Sierra de Gádor, aparecen entre las rocas triásicas del tramo medio muschelkalk.

Difícil es determinar a qué causas debe su origen la formación del azufre; más considerando que éste se encuentra a menudo veteado, o sea en capas más o menos delgadas y amarillas, alternantes con otras de greda o de azufre bituminoso, podía suponérsele originado por la acción de manantiales sulfurosos que hubieran venido depositando aquellos lechos paulatina y sucesivamente.

Por otra parte, como el azufre también se presenta unas veces en nódulos o riñones casi puros dentro de las gredas, otras se ve dentro de una geoda de azufre un riñón de greda; en ocasiones, el mismo azufre rellena las grietas del terreno, forma el cimento de un conglomerado calizo, aparece con el carácter propio del azufre fundido, o en cristales ya aislados, ya íntimamente unidos e intercalados entre otros de yeso, apenas si es posible idear otra causa de producción de los criaderos, más que la segregación ejercida por fenómenos electro-químicos o mejor dicho, electro-telúricos, por cuyo medio también se explicaría la existencia del azufre bituminoso, de la anhidrita, etc. etc.

 TERCER PERIODO DE EXPLOTACION.

Describamos ahora detalladamente la mina Buen Viento Corre.

La superficie que comprende la concesión denominada Buen Viento Corre, es de 170.000 m. cuadrados divididos en la siguiente forma:

  120.000, corresponden a las 12 hectáreas pretendidas por el registro  y los 50.000 restantes, a la demasía solicitada para la mina.

Linda esta concesión al N. con las minas Robinson y La Traviata, al S. con el Segundo Cordonazo, al E. con Las Tres Hermanas, La Zalea Apolillada y La Encantada, y al O. con La Familia y Fin de año.

 Como en un principio no se beneficiaban sino los géneros más ricos sólo se ocuparon en extraer aquella parte del criadero que se presentaba más concrecionada, y de aquí se siguió la perforación de galerías a los 18 m. de la superficie, que ensanchaban o estrechaban según enriquecía o empobrecía el mineral.

Posteriormente, y a la profundidad de 56 m., se trató de hacer una investigación más regular abriendo galerías rectas y a un nivel fijo para explotar por pilares; mas como los trabajos se veían limitados por la presencia de las aguas, se continuó haciendo anchurones ya que las labores regulares no bastaban para cubrir las necesidades de la fundición.

Al establecerse el sistema de calcaronas para el beneficio total de las menas, se hizo necesaria la investigación en mayor escala para obtener abundancia de géneros, sin reparar en tipos, y no solo se extendió la investigación hasta la línea O. de la concesión, donde también se formó un anchurón, sino que se hicieron diferentes reconocimientos en la zona aguada, dando por resultado al descubrir la existencia del criadero con mayor riqueza dentro de la referida zona, lo que era al principio un obstáculo que pronto se venció con un desagüe y reconocimiento de las profundidades, tanto mas, cuanto que siendo necesaria el agua en la superficie para la preparación mecánica de las menas antes de ser sometidas a las calcaronas, se subdividió la extracción entre el mineral y el agua, y con solos dos pozos de torno a brazo, fue suficiente para que, descendiendo el nivel de aquella, se pudiera seguir reconociendo el criadero hasta 6 m. mas de profundidad.

Los veneros que en la mina se presentan, afectan también la forma irregular del criadero, interrumpiéndose por la interposición de capas impermeables y presentándose a diversas profundidades, habiendo ocurrido el caso de que, siguiendo alguna veta de mineral, se hayan quedado colgadas las aguas y se haya cortado otro venero a los 3 m. de profundidad.

El buzamiento general de las capas es al NO. pero afecta mil variaciones por los dislocamientos que han experimentado.

Se presentan fallas de consideración, ya en el mismo azufre, ya en las gredas, y algunas cuñas de estas últimas han sido tan potentes, que han hecho temer en ocasiones la desaparición del criadero.

En los trabajos del E., en que varia algunos grados el buzamiento hacia el N., se presentan capas de estratificación concordante alternando con las margas, calizas y yeso, siendo el buzamiento entonces mas pronunciado.

La perforación de las labores, se hace generalmente a puntero y marro.

Se procura abrir estrechas galerías que con los hundimientos naturales del terreno,   adquieren pronto mayores dimensiones, pues tanto del techo como de las paredes, se verifican desprendimientos y el mismo piso se levanta, sobre todo, donde hay gredas.

Así es que, en aquellos puntos de las carreras de tránsito dónde hay que fortificar con enmaderamiento, hay que tener en cuenta que las presiones se verifican en todos sentidos.

Se han abierto algunas galerías a barreno, sobre todo, en la parte alta del criadero en que más abundan los yesos y calizas no descompuestas, ofreciendo por tanto, mayor resistencia, pero se ha abandonado el sistema, ya por no ser necesario tocar a esa parte, cuanto por evitar los accidentes desgraciados debidos a la incuria de los operarios, inevitable a pesar de las precauciones que se toman.

Escaso es el desarrollo de la explotación verificada hasta el día, pues está limitada á un anchurón en la parte O. y un trozo de terreno en la línea de contacto con La Familia El primero se explotó por hundimiento, habiendo quedado los techos en azufre, y como se han rellenado de escombros el trabajadero y ha descendido el nivel de las aguas, hoy se está explotando por la parte inferior del relleno, ya que por la plasticidad de  las arcillas se ha conseguido que dicho relleno forme un sólido de consistencia bastante para ofrecer seguridad en las labores más hondas.

La parte lindera a  La Familia se está explotando por huecos y pilares.

En las demás labores de la mina, sólo se explota algún pilar cuando la acumulación  de escombros producidos de las investigaciones hace necesaria su colocación en la mina para evitar inútiles extracciones.

La fortificación es mixta, ya se hace con mampostería en seco y relleno de escombros de la misma mina, que tienen la referida ventaja de la pastosidad a más de la economía que permite se extienda la investigación con poco dispendio, ya se fortifica con enmaderaciones combinadas con mampostería.

 El trabajo se hace a cuarteo, es decir, se divide por mitad el número de los operarios, formándose dos tandas o relevos, haciendo su entrada cada una, cada ocho horas, no saliendo la que está en las labores hasta que el relevo se ha hecho cargo de la herramienta.  De aquí el dicho de los mineros de que « la herramienta nunca se enfría.»

Este es el sistema general de Sierra de Gádor, con el cual viene a resultar un trabajo útil de diez a once horas al día, pues que siempre se pierde cierto tiempo en el descanso que se da para la comida.

Esta comida en la mina, se llama «comer la guitarra», que así denominan al panecillo que baja cada operario a las labores.

Siendo las minas de azufre de las que por sus  circunstancias requieren más abundante ventilación si se ha de exp1otar en buenas condiciones desde luego ha sido uno de los trabajos a que se ha dado atención preferente.

A la perforación del primitivo pozo, acompañó la apertura simultánea de una trancada puesta a unos 30 m. al S. del mismo y que comunicada varias veces desde la profundidad de 18 metros, ha venido a formar una especie de hélice alrededor del pozo.

Del mismo modo y tan luego como la investigación  se siguió para la parte O. se abrió un  nuevo pozo que es hoy  del torno económico, con el cual comunicaron las labores para obtener su ventilación.

Mas tarde al seguir  algo al S. los trabajos del O. se abrió otro pozo provisto de su correspondiente trancada al que comunicaron  las labores, y que lleva hoy el nombre de Pozo de los quintales.

Para la ventilación de los trabajos del tramo superior al que  llaman  Las Camaretas existe otro pozo al E. del primitivo.

Al investigar la parte E. de la demarcación por el pozo llamado De  los Pérez, provisto también de su correspondiente trancada, cuya boca se abre unos 50 metros al S., se perforaron un pozo más al E. que se conoce con el nombre de Pozo de la Cruz, y otro al N. que es el pozo malacate.

En la parte central y Norte de  los trabajos se abrió otro pozo, al que, comunicaron las delanteras y en el cual funciona otro malacate, y por último se han comunicado entre si  entre sí todas las labores en la distancia de unos 400 metros de E. a O. y se han hecho roturas con las de La Fa­milia y Fin de año.

Hay otro pozo empezado a abrir y suspendió  a los 25 metros de profundidad, con el que comunican las labores de la parte central al correrse al S. y otro más, que alcanza la profundidad de 60 metros, para la ventilación de los trabajos de la parte O. cuando corran al S. Suman entre todos, estos trabajos en total diez pozos y tres trancadas.

Tan fácil como  es la inflamación del azufre, tan sencillo aislarlo y apagarlo cuando se está sobre aviso y se acude en tiempo oportuno; en un principio basta un soplo, un pisotón, golpes con espuertas viejas o un poco de agua; pero cuando se prende fuego en una labor por descuido, al colgar por ejemplo , el candil y dar la llama en el techo, y esto se verifica no estando los trabajadores en la labor, al cabo de un rato toma el incendio proporciones alarmantes, sino por la intensidad, por la cantidad de humo extendiéndose por labores que no tienen exceso de ventilación, y, por lo tanto poco oxígeno, acaba por hacerlas irrespirables; y son tan deletéreos los vapores de ácido sulfuroso, que pocos operarios atraviesan animosamente una galería invadida por ellos, operación necesaria para buscar el fuego y apagarlo.

En los casos de apuro buscan los obreros su salvación tirándose al suelo boca abajo para respirar, luchando por tanto con dos enemigos, la existencia en la parte superior del ácido sulfuroso y la acumulación en la inferior del ácido carbónico.

Para apagar los incendios, sobre todo los producidos por los barrenos, se han establecido compuertas forradas con chapa de hierro barnizada, y que colocadas en las galerías donde se trabaja, pueden, cerrándose, aislar y apagar el incendio por carencia de oxígeno, necesario para la combustión.

En ciertas labores abiertas en una pizarra descompuesta, que tiene el carácter de cenizas procedentes de fundición, se presentan gases tan perniciosos, que impiden al trabajador la permanencia en la mina mucho tiempo, aún cuando haya  ventilación ya que aquellos gases les ataca sobre todo a la vista.

Por otra parte, de los rellenos de escombro, hasta que no se aíslan por las pedrizas, se desprende tanto calor que en ocasiones la temperatura ambiente ha pasado los 60º.

Las aguas son unas, veces ácidas, otras sulfurosas, notándose 1as primeras en la parte O. y las segundas en el E. del criadero, y es de consignar que las de la primera clase que manan en la mina La Familia, pueden pasar por ácido sulfúrico diluido, tal es la corrosión que ejercen.

 Entre las sulfurosas  las que manan en la parte E. de Buen viento corre y en el pozo llamado De los Pérez, exceden en bondad, según opinión facultativa, a las renombradas de los baños de Alfaro.

Se ha encontrado el agua potable A 70  m. al S. de las labores y en un pozo abierto en la mina La Zalea Apolillada En este pozo se verifico el fenómeno de trasformarse las aguas potables en sulfurosas, sin que existiese causa aparente que lo justificara, pues después de varios días de estarse surtiendo del venero para las necesidades de los operarios, sin que descendiera el nivel de los trabajos, ni se profundizase el pozo, cambió la naturaleza de las aguas.

Para completar el estudio de las condiciones de explotación del criadero, podemos ir sucesivamente detallando las circunstancias del laboreo.

El arrastre en el interior de la mina se verifica desde los puntos de arranque con espuertas en que se carga el mineral y que conducen los muchachos a la espalda a las vías principales por donde es llevado en carretillas al enganche de los pozos.

La extracción se verifica por pozos verticales provistos de un torno económico y dos malacates de caballerías; en el primer caso por esportones que suben unos 150 kilogramos y en los malacates por cubos de madera herrados, uno de los que sube 350 kilogramos y 500 el otro; el primero con auxilio de una caballería y el segundo con dos.

La profundidad del pozo del torno económico es de 60m.,  la del pozo malacate del centro de 85 y la del pozo Lo Veremos llega a 97 m.

Se subdivide la extracción entre el mineral y el agua, según las necesidades, trayendo aquella y elevándola, por bombas de pistón de doble efecto movidas a brazo, desde los puntos en que mana a las calderas de los pozos.

Ya el mineral en la superficie se conduce a las eras donde sufre un apartado a mano, separando las partes cuya riqueza pasa del 50 por ciento, que se someten a la fundición  en un horno de galera. El resto se subdivide a su vez en menudo o tierras, y gruesos; las primeras se llevan en carretilla a unas balsas preparadas al efecto donde se hacen pasta con ayuda del agua de la mina, y se confeccionan panes o tortas que se someten a la fundición en calcaronas.

 Los gruesos se subdividen nuevamente en el vaciadero en dos clases, encallado y garrufo, siendo la primera la constituida por los trozos de mayor tamaño y que se coloca en las calcaronas inmediatamente después de las  tortas mientras el garrufo, que es más menudo, forma la capa superior de la carga de las mismas.

Ya hemos dicho que la primera mina que se ocupó en el beneficio fue la Segundo Cordonazo, para lo que montó un horno de galera de pequeñas dimensiones y de tan malas condiciones como los que existen entre los infelices partidarios de las minas de la Sierra de Lorca, cuyos contratos consisten en entregar al dueño de la mina, a un precio estipulado, el azufre que resulte de la fundición de los minerales rebuscados en minados antiguos o en trabajos irregulares y de difícil explotación por el mal sistema de laboreo.

Como la ganancia es exigua y los fundidores no cuentan con fondos para montar aparatos perfeccionados, utilizan hornos de tan malas condiciones y de .resultados tan problemáticos, que en ciertos casos no dan para abonar el importe de las ollas de barro que emplean, ni aún lo necesario para sufragar los gastos de la manutención de los obreros.

Tal, sin embargo, fue el primer horno usado por la mina Segundo Cordonazo, que al propio tiempo se ocupó en  ensayar el sistema de calcaronas, pero con tal mal éxito, que hubo de abandonarlo.

Mas tarde, cuando se dio la mina a partido, se montaron dos hornos de galera mas perfeccionados y que alcanzaban entre los dos una producción de unos 5.000 kilogramos diarios.

 En estos hornos de galera se suprimieron los recipientes directos con que comunicaba cada retorta del primitivo, y en su lugar, y a cada lado del horno, se pusieron dos canales a las que venía el azufre de las diferentes ollas, y por las que corría a un depósito colocado en la parte anterior del hogar, de donde se sacaba diariamente, depositándolo en balsas.

Siendo  estas insuficientes, a penas se enfriaba la costra superior, se rompía, y con espuertas se baldeaba el liquido, echándolo sobre la parte sólida para precipitar el enfriamiento.

Con esto resultaba un azufre verdoso, por no dejarle tiempo a que se solidificara tranquilamente, y que depositara en el fondo las impurezas  que siempre lleva consigo el principio de la fundición.

Estos hornos fueron  destruidos al rescindir el contrato de partido  y paralizarse los trabajos de la mina.

 La Familia también montó otro horno de galera, inferior a los referidos del contratista del Cordonazo, pero que llenaba sus reducidas aspiraciones.

A su vez, la mina  Buen Viento Corre y como se ha dicho, montó una fábrica Doppioni con los detalles siguientes:

Son los recipientes una serie de retortas o calderas verticales, cilíndricas circulares, de hierro colado de 1,6o m. de altura por 0,76 de diámetro.

Estas retortas llevan en la boca o base superior  un reborde exterior  en que apoya una tapadera para cerrarlas lo más herméticamente posible.

Tienen en la parte alta, y unos cinco 5 centímetros  más bajo del plano de la boca un tubo  inclinado a 45 grados y de unos 40 centímetros de longitud, para la salida de los vapores de azufre, y en la parte opuesta inferior lateral de la caldera va la abertura de descarga en forma de prisma rectangular, provista de un reborde interior en que apoya, adaptándose como tapa, un grueso trozo de palastro con que queda cerrada la caldera durante la destilación.

La plancha de cierre tiene un agujero que se tapa con barro mientras funciona el aparato, y sirve para introducir por él el extremo de una barra y quitar la tapadera, una vez terminada la fusión, para verificar la descarga.

Por bajo de las aberturas de descarga, y formando con ellas un ángulo recto, existen otras de las mismas secciones, y las cuales comunican con una bóveda inferior, donde caen las horruras cuando se descarga, y de donde se sacan con volquetes de hierro cuando se han enfriado.

Esta bóveda está provista de una puerta forrada de palastro, que se cierra durante la descarga, para evitar que se establezca un tiro nocivo.

 Las calderas van montadas sobre dos muros de sostenimiento de ladrillo refractario, que forman parte de la bóveda del horno, la que queda algo inferior al fondo de las calderas, con objeto de que pueda servir este espacio para el registro y limpieza general del aparato.

 La bóveda está provista de una serie de tragantes colocados a un lado y otro; en los espacios que quedan entre los círculos de los fondos de las retortas, y la parrilla, colocada como es general en esta clase de hornos, tiene en su boca su correspondiente puerta de hierro colado.

El aparato va encerrado dentro de una especie de caja de ladrillo refractario, teniendo salida los tubos de sublimación por una de las paredes laterales; por la otra las bocas de descarga; por la posterior la comunicación con la chimenea, provista de su correspondiente válvula para aumentar o disminuir el tiro, y por lo alto asoman las bocas de las retortas.

Tanto en el plano anterior como en los laterales de la camisa del horno, se dejan orificios que se tapan con ladrillos durante la destilación, y que sirven para el registro y limpieza de las calderas.

A los tubos de las retortas se adaptan unas especies de toberas que van a parar a una canal horizontal en forma de U, cuyos extremos penetran en su respectivo recipiente de condensación.

 Para verificar la carga se tienen preparadas un número proporcionado de espuertas con mineral; se sube el maestro fundidor sobre el poyo de las retortas; le van dando la espuertas llenas, y las va vaciando en las calderas hasta llegar a la carga que desea; terminada la de una de ellas, la tapa y prosigue con la carga de otra.

Sobre el aparato va colocada una campana en forma de pirámide truncada, de gran base, construida con flejes de hierro y revestidos los huecos con yeso, todo lo que sirve de chimenea para dar paso a los humos que se producen por los escapes.

Verificada la carga, y después de algún tiempo de fuego, comienza la descomposición del mineral, es decir, pasa al estado líquido; luego se vuelve pastoso, y por último, se convierte en vapor y sale por los tubos a las toberas y a la canal, y de ésta al recipiente donde se condensa.

Estos recipientes varían cada semana, para lo que se hace la muda, que consiste en tapar la boca que durante este tiempo ha tenido abierta la canal y abrir la cerrada.

 Los recipientes comunican con otro depósito superior, al que pasan los humos y en el que forma la flor da azufre, y tienen además unos orificios en la parte inferior, por donde se hace la extracción del azufre, que va a parar  a unas balsas convenientemente dispuestas para el enfriamiento.

El aparato no puede presentar mejores condiciones allí donde el combustible  leñoso sea abundante y donde la ganga que acompaña  al mineral tenga cierta consistencia, pues que durante la descomposición o sublimado del azufre éste pasa sin dificultad alguna a las  toberas por entre los huecos que quedan entre trozo y trozo de ganga.

En los minerales, como los de Gádor, en que predomina la ganga de arcilla, al hacerse la descomposición se forma una especie de barro, y los fenómenos de la destilación varían.

Principia por bajar  toda la carga de una vez al comenzar la destilación; se funde luego la periferia de la masa que está en contacto con las paredes de las retortas, y después es necesario que el calor circule a través de esta capa mala conductora, y que los vapores se abran paso entre una masa que, poco porosa, les ofrece tenaz resistencia, lo que no se logra sin aumentar su fuerza expansiva, para lo que se necesita mayor temperatura, ejerciéndose así una enorme presión en todos sentidos, que concluye por reventar la retorta después de haberla hecho formar panza en el punto en que más directamente sufre el fuego, y que ofrece, por tanto, menor resistencia a la tensión inferior.

No es este solo el inconveniente, sino que a más del mayor tiempo que se tarda en la operación, resulta ésta incompleta habiéndose observado al hacer la descarga, que algunos trozos de mineral que habían estado situados en el centro de la carga han salido sin sufrir descomposición alguna, lo que prueba que la fundición se sucede de la periferia al centro. Esto no pasa cuando el mineral es de ganga dura, pues que descendiendo el azufre líquido al fondo de la retorta, allí se sublima pronto y tiene fácil salida por entre los intersticios de la ganga.

 DIVERSOS MÉTODOS DE BENEFICIO.

Desechado este aparato, se estudiaron por la empresa de Buen viento corre los en uso en Italia, y entre ellos, los que principalmente llamaron su atención fueron: la fusión por medio del vapor de agua, que se va generalizando en Sicilia; los métodos de la fábrica de refino de la Sociedad anónima instalada en Catania; y, por último, el sistema de Calcaroni, que es generalmente el establecido en Italia, y cuyos mejores ejemplos pueden verse en las minas de Casa Albani, en Urbino, dirigidas por el ingeniero D. Antonio Calamel.

Hagamos una ligera reseña de estos diferentes procedimientos:

Fusión por medio del vapor de agua.

E1 aparato que funciona en las minas de Lercara se compone de cuatro calderas o retortas cilíndricas circulares, de un diámetro de 1,10 metros y 4 m. de altura, teniendo por base una semiesférica y una boca con un reborde exterior.

Estos cilindros llevan unos muñones á la mitad de la altura, con lo que pueden tomar el movimiento de las campanas, y tienen junto a la boca un depósito de forma cúbica provisto de un grifo, depósito que puede decirse constituye parte de la caldera.

Dentro de esta hay unos soportes en que apoya un segundo vaso concéntrico con  el exterior y provisto de numerosos agujeros; en este vaso es en donde se coloca el mineral para su fusión.

 Las tapaderas de los cilindros van unidas a unas abrazaderas que las comprimen contra el reborde de las bocas de  los mismos, por medio de un fuerte tornillo, y aquellas quedan atravesadas por unos tubos que se  comunican cuando trabaja el aparato mediante unas llaves de paso, con el conducto general de trasmisión de vapor que parte de una calcarona generadora.

Las calderas están montadas paralelas entre sí apoyándose los ejes de rotación en línea horizontal, sobre un muro de ladrillo con sus escotes para colocar los cilindros, de forma que puedan girar libremente alrededor de sus ejes y de manera que cuando estén en posición vertical quede la boca del cilindro al nivel del plano superior del muro, y cuando horizontal, sobresalga de él unos cincuenta centímetros.

Estos escotes tienen el piso inferior lo bastante profundo para permitir el paso de un vagón debajo de los cilindros, aunque éstos estén en la posición vertical, vagón que entra y sale por una especie de túnel.

Por la parte superior del muro corre una vía férrea paralela á los ejes de los cilindros y provista de dos plataformas giratorias situadas entre los dos primeros cilindros y los dos últimos, mediante las que puede empalmar con otras vías perpendiculares terminadas en otras plataformas.

Los carriles de estas últimas se encorvan por un extremo para impedir el escape del vagón que queda sujeto por unas aldabas colocadas convenientemente.

Del techo del edificio penden unos aparejos provistos de unos ganchos, que sirven para hacer girar los cilindros.

En la parte anterior del muro de sostenimiento y en el piso general del edificio, hay cuatro canales de piedra, que partiendo de debajo de las calderas, convergen á un depósito único.

 Fundado este método de fusión en ser suficiente para liquidar el azufre la temperatura de 120º centígrados, basta tener a ella vapor de agua mediante la consiguiente presión, y entonces la operación se efectúa de la siguiente manera:

Se cargan los cilindros, para lo cual se pone en posición vertical, con la boca en la parte superior trayendo el mineral con vagones o volquetes hasta las plataformas, que hemos dicho están colocadas entre los cilindros; llenos éstos, o lo que es lo mismo, terminada la carga, se colocan en posición horizontal por medio de los aparejos que cuelgan del techo y se adapta la tapadera que cierra herméticamente por medio del tornillo con que la comprime; el tubo que lleva la tapadera se une con el conducto  general de transmisión del vapor y cuando el manómetro de la caldera generadora marca de tres y media a cuatro atmósferas, se abre la llave de paso para que el vapor se inyecte dentro del cilindro y pueda verificar la fusión, estando el mineral triturado, con solo la tensión de dos y media atmósferas, si bien, y sobre todo al principio, conviene sea mayor, para contrarrestar  las pérdidas que se experimentan naturalmente.

Durante dos horas la operación, y al cabo de ellas, se abre la llave de los depósitos que llevan los cilindros y el azufre sale con el agua, producto de la condensación del vapor, yendo por su correspondiente canal al recipiente o balsa común.

Alternan  en la operación los cilindros dos a dos, y una vez terminada la salida del azufre, se destapa el cilindro, se le hace girar y vierte los residuos en el vagón  que al efecto se coloca debajo y que los conduce al vaciadero. Se limpia bien el cilindro interior y se vuelve a colocar todo en posición vertical para cargarlo nuevamente.       

El azufre se saca del recipiente, y sin más, se entrega en e1 comercio, dependiendo su calidad de la ganga que acompaña al mineral.

Tienen calculado se necesitan 60 kilogramos  de hulla para producir el vapor necesario para la fundición de cada tres metros cúbicos de mineral, y el costo del aparato es de unas 7.000 pesetas.

Este sistema pertenece a una sociedad italiana, cuyo domicilio está en Milán, que cobra por derechos de privilegio y gastos de fusión el 28 por 100 de los productos, siendo de su cuenta el costo de todas las operaciones, desde el momento en que el minero entrega la mena en un almacén preparado al efecto, hasta que la empresa devuelve cargado el azufre fundido.

 Ensayada por este procedimiento la fundición de unas muestras de minerales tomadas en la mina Buen Viento Corre, no se obtuvieron buenos resultados, sin duda por lo desmoronadizos que son aquellos, y porque conteniendo entre la ganga cierta cantidad de sustancias bituminosas, éstas ensuciaban el color del azufre lo bastante para hacer desmerecer el producto en el mercado.

 MÉTODOS DE LA FÁBRICA DE REFINO DE CATANIA.

La fábrica de esta localidad, que pertenece a la Sociedad anónima general de azufres domiciliada en París, cuenta con seis hornos de galera conteniendo cada uno ocho aparatos o retortas de forma elipsoidal que se prolonga por uno de los ejes mayores en forma de pirámide truncada cuya base más pequeña sale al exterior del horno y sirve para descargar las horruras que se forman después de algunas operaciones; este tronco de pirámide comunica, mediante un tubo ascendente, con un depósito prismático colocado dentro de la caja del horno, y provisto de un pistón ó válvula que sirve para tapar a voluntad el tubo.

El elipsoide la caldera que apoya por el otro extremo del eje mayor, y mediante un apéndice, en el muro del  horno, termina por la parte superior en forma de cuello del botella, que se une a un tubo encorvado, el cual después de salir del horno, con auxilio de otro tubo alargadera penetra en un recipiente cilíndrico, tapado por encima y en unión por un orificio lateral con una caldera semi-esférica.

Estas retortas así como los depósitos y el tubo encorvado van colocados sobre una bóveda de la forma indicada para el aparato Doppioni y el horno sólo difiere en la forma que necesariamente se ha de adoptar en sus paredes para encerrar el aparato.

 Se principia por  cargar de azufre el depósito superior cuya boca enrasa con la bóveda del horno, teniendo cuidado al efectuar la carga que la válvula cierre el tubo de la base.

Después de algún tiempo, el azufre se liquida, en cuyo caso abriendo el pistón ó válvula, baja a la retorta donde sublimándose pasa por el tubo encorvado a la alargadera y luego al depósito donde se condensa, y sale líquido a la caldera semi-esférica para con un cucharón echarlo en moldes de hierro fundido de forma cúbica.

Tan luego como se ha verificado el paso del azufre del depósito a retorta, se carga éste nuevamente para en cuanto se liquide volver a repetir la operación.

 Como aparato de refino reúne buenas condiciones por la adición del depósito que aprovecha el calórico perdido, pero se podrían suprimir los recipientes directos de condensación y hacerlo en uno general que recibiera el líquido por una canal a la que afluyeran todas las alargaderas.

Este sistema es adaptable para el beneficio de las menas ricas de Gádor, pero no se ha planteado por el excesivo costo de la hulla que sube a 40 pesetas tonelada en Almería, donde se podría establecer la fábrica y a lo que habría que añadir el importe del arrastre del mineral; o en caso de establecer la destilación a bocamina costaría 11 pesetas más la subida de cada tonelada de combustible.

CALCARONAS.

La calcarona es como una gran calera en que se verifica la calcinación de los minerales de azufre al aire libre.

Su forma es la de un vaso circular de diámetro por lo menos de 6 m., y cuyo fondo está inclinado hacia adelante, por lo que el aparato tiene en la parte posterior una altura de 1,50 m. y 3 en la anterior.

Generalmente se construyen estos hornos a media ladera, porque de este modo se economiza gran parte de obra, pues al rebajar el terreno o hacer el vaso, queda casi terminada la parte posterior de la calcarona a falta solamente del repello y enlucido de yeso; y además la inclinación de la ladera, permite un vaciadero fácil de la horruras con las que puede irse haciendo un terraplén de anchura suficiente para colocar los azufres.

Se hacen las calcaronas teniendo cuidado de dar gran fuerza o espesor al muro de mampostería de la parte delantera que es la que  ha de sufrir mayor  presión, y para más  seguridad  se apoya en dos botareles, que dejan entre sí y bajo un arco o bóveda un intervalo de 2,50 m., que después cierra con mampostería. Su parte  exterior y más aún la interior del aparato deben quedar bien repelladas y enlucidas con yeso para que ni entre ni se filtre el azufre.

El piso de la calcarona  debe ser una superficie alabeada, que venga inclinando desde la circunferencia a un punto poco anterior al de la muerte, donde se depositan los azufres líquidos, y este piso ha de ser bien duro y apisonado, para que no haya filtraciones ni escapes.

El hueco abovedado_se rellena de mampostería cada vez que ha de funcionar la calcarona dejando en su parte media una ranura vertical de 15 cm  de anchura destinada a la salida de los azufres. La mampostería se destruye tan luego como ha terminado cada operación, para que la descarga de las escorias u horruras se haga con facilidad por debajo del arco del frente del horno.

 La ranura del frente, que se denomina muerte o canillero,  tiene un tope en cada lado donde apoyan los ladrillos puestos de plano con que se cubre, sujetándolos con yeso, y dejando un agujero como á 40 cm del fondo, para por él dar salida á los azufres.

 La carga de la calcarona es en lo que más especial cuidado debe ponerse.

Lo primero, se construye en el interior una bóveda con gruesas piedras de caliza, apoyada sobre la mampostería de la muerte y de una altura de 2 m. por 1,50 de ancho; estas piedras van en seco y dejando entre si los mayores huecos posibles.

Después se hace la carga del mineral, y teniendo en cuenta que el azufre ha de fundirse de alto a bajo y de atrás a delante, dicho esto, que ha de venir descendiendo al canillero por entre los huecos o intersticios que dejen entre sí los trozos de mineral de la carga, y como al principio está fría, el primer azufre que baja se pega a las paredes de estos huecos; y si estos son bastante espaciosos, siempre queda lugar al que el líquido que viene luego pase resbalando por la superficie de azufre ya adherida, mientras que si fuesen pequeños concluirían por obstruirse, y los azufres que sucesivamente descendieran, se irían acumulando hasta formar una masa que por la parte superior se pondría en contacto con el fuego y ardería, sin dar, por lo tanto, producto alguno. Es, pues, necesario procurar que los huecos sean tanto mayores cuanto más cerca se hallen del fondo de la calcarona, lo cual se consigue porfiado primero  los trozos más grandes de mineral, y después los de menor volumen a medida que va subiendo la carga.

En las minas de Gádor, en que abunda más el mineral en estado terroso, se concreciona, como se ha dicho, en forma de tortas semejantes a las que se construyen en la mina Giona de Sicilia; tortas que, por término medio pesan unos  25 kilogramos y con ellas se forma la primera parte de la carga, poniendo encima  el encallado, o sean los trozos mayores de mineral, y después lo más menudo o garrufo,  con el que se forma colmo a la carga aún cuando nunca de tanta  altura como la que le dan en Sicilia.

Para prender fuego a la calcarona, se impregnan de azufre unas cuantas matas de monte y con ellas encendidas, se van dejando caer las gotas de azufre ardiendo sobre la superficie de la carga, hasta que ésta se haya prendido bien; se deja arder por ocho o diez horas, al cabo de las cuales han descendido algo los fuegos, y se principia a cubrir todo con horrura de fundiciones anteriores, poco a poco, primero con una ligera capa, después de algunas horas con otra, y así hasta que quede perfectamente cubierta la carga con un espesor de 8 a 10 centímetros lo que impide el escape de los humos.

En el caso de hacer viento, se debe cubrir más por la parte de donde éste sople, para evitar en lo posible la entrada del aire, que arrebata la fundición por un lado y la tapa por el opuesto con  los humos sulfurosos que arrastra.

De este modo, al los tres o cuatro días se empieza a observar, quitando uno de los ladrillos de la muerte que permite ver el interior de la bóveda, si ésta tiene alguna flor de azufre, hay algo fundido en el fondo o en estado sólido, o si asoma por entre los intersticios alguna estalactita del mismo azufre, dedicando una especial atención a seguir la marcha de la operación.

En viendo las estalactitas, se comprende que la carga está demasiado fría para dar paso al azufre fundido que desciende, y conviene entonces activar algo la fundición, para lo que se deja entrar un rato el aire por el agujero que se ha formado al quitar el ladrillo de la muerte, y hasta hay algunos casos en que es preciso echar matas impregnadas de azufre y encendidas para que se derrita el azufre fundido que obstruye los orificios de la bóveda y deje franco paso a lo demás que venga.

 La falta de atención en estos críticos periodos, podría traer consigo la pérdida, si no total, de gran parte del contenido porque al verificarse la formación del deposito de azufre, la superficie superior llegaría a ponerse en contacto con el fuego, y no habría más remedio que destrozar la carga y abrir el canillero por completo, para obtener una fuerte corriente de aire, que fundiendo la parte delantera, permitiera llegar a algún azufre que siempre estaría arrebatado y resultaría en menor cantidad.

Establecida la marcha regular, cuando empieza a venir al canillero el azufre líquido, se le hace salir siempre por el agujero sito a los 40 centímetros del piso, que se abre varias veces al día, y tan luego como se observa que hay en el horno alguna cantidad regular depositada.

Cuando hay descuido en sacarlo, se solidifica el azufre junto a los ladrillos de la muerte, y es necesario hacer un agujero que atravesando la parte sólida llegue hasta el líquido, y para esta operación se usa un puntero delgado que calientan por un extremo al rojo, metiéndole en la parte superior de la calcarona y luego por el referido agujero de la muerte, necesitando a veces introducirle a golpe de marro, hasta que salga el azufre fresco y de buena calidad, recogiéndolo en unas artesas parecidas a las de amasar el yeso, teniendo cuidado de humedecerlas bien antes de echar el azufre, que de este modo ni quema ni se adhiere a la madera, y después de enfriado y solidificado, resulta en trozos de tronco de pirámide que pesan de 50 a 60 kilogramos y que se denominan gavetas.

La duración de la operación desde que se principia a cargar hasta que se entrega ya descargada, varía con las dimensiones de la calcarona, pero puede calcularse por término medio un mes, en la siguiente forma: cinco días para la carga, otros cinco desde que se prende fuego hasta que empieza a correr, diez días corriendo, seis para enfriar la carga y cuatro en descargar.

 Las variaciones atmosféricas, como es consiguiente, influyen mucho en esta clase de fundición, y al efecto, se ha tratado de hacer las calcaronas cubiertas para regularizar su marcha, lo que no evita en países lluviosos que se moje la carga, a menos de no tener grandes almacenes donde tener depositado el mineral.

 CONCLUSIÓN.

En las minas de Hellín que pertenecieron al Gobierno, se han  construido una serie de calcaronas cubiertas, con las que se obtiene un excelente resultado; pero lo costoso de la instalación, el mayor tiempo que emplean en funcionar, y el necesitarse, por tanto, un mayor número para obtener un producto determinado, son causas que se oponen a su generalización, sobre todo en países donde, como el nuestro, no son muy de temer las lluvias.

 El ácido sulfuroso que se desprende de las calcaronas no ejerce sobre la vegetación a mayor radio de 200 metros, observándose que a los 70 metros los espartos se producen perfectamente, habiendo por otra parte la ventaja de los humos, esparcidos por los vientos, desinfectan la atmósfera, lo que se comprueba por la disminución de enfermedades en los alrededores de los sitios en que se hace el beneficio de las menas azufrosas.

 PRODUCCIÓN DE LA MINA “BUEN VIENTO CORRE”

Esta mina, en el estado de exploración en que se encuentra, abastece sin embargo, con sobrada holgura, 24 calcaronas de unos 9 metros próximamente de diámetro, y además se alimenta un horno de galera que, si bien ha funcionado son alguna intermitencia, hoy tiene una marcha regular.

 En los primeros aparatos, la carga viene a ser próximamente de unas 180 toneladas, que dan de producto unas 27, o sea un 15 por 100, y como los minerales destinados a este beneficio tienen una riqueza media de 20 o 25 por 100, hay una pérdida de consideración, sobre todo sabiendo que la producción diaria en esta clase de fundición viene a ser de 5 toneladas.

 La carga del horno de galera cada 24 horas, es de unas 9 toneladas, que se dividen en cinco y seis fundiciones cada 24 horas, y producen otras 5 de azufre; y siendo la riqueza media del mineral que en este aparato se beneficia un 67 por 100, se experimenta una pérdida de un 15 por 100.

En la actualidad, la fábrica el arrastre de 9 carros, que cargando, término medio, cada uno 14 quintales métricos, representa una producción diaria de 12,5 toneladas, quedando siempre existencias al pie de fábrica; pero como se ha dicho al tratar de las calcaronas, que influyen en su producción las variaciones atmosféricas, lo que se produce en unos meses más, en tiempo lluvioso se produce de menos.

 Hay una carretera antigua de tercer orden, con la que ha empalmado un ramal construido por la empresa Los Leones, desde la mina, carretera que con 18 kilómetros llega al puerto de Almería, y por la que se hace el transporte en los carros que, cargando al pie de fábrica, llevan de porte 10 pesetas tonelada hasta el muelle de embarque.

 El estado de prosperidad en que se encuentra la comarca, se debe a la instalación, por la mina Buen viento Corre, del sistema de beneficio en calcaronas, pues desde que éste empezó a funcionar se ha visto aumentar de día en día la producción y floreciente estado de esta industria.

 Presenta la calcarona pérdidas de consideración, que al fin y al cabo es un sistema en el cual se verifica la fusión a expensas del calor producido precisamente por la combustión  de una parte de lo mismo que se trata de beneficiar, pero teniendo en cuenta la ganga que acompaña al mineral de las Balsas de Gádor, que le hace tan desmoronadizo en unos casos y resulta en otros tan íntimamente revuelto con arcillas, que imposibilitan su limpieza; y mientras que los azufres no alcancen precios más elevados que hoy, resultará que las pérdidas que el sistema proporciona, y de las que hay que descontar la que se experimente por otro procedimiento cualquiera, representan menos valor que los dispendios necesarios para la fusión con combustible.

 Tales son los principales datos de los criaderos y sistemas de beneficios del azufre en las Balsas de Gádor.

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