INDALECIO, VARÓN APOSTÓLICO

Indalecio (Varón Apostólico)

Por los siete varones apostólicos son conocidos siete clérigos cristianos ordenados en Roma por los apóstoles (discípulos del apóstol Santiago el Mayor pero designados por San Pablo y San Pedro) que marcharon a Hispania a evangelizar: Torcuato, Tesifonte, Indalecio, Segundo, Eufrasio, Cecilio y Hesiquio.
Según unos manuscritos del siglo X, que transmiten información más antigua (del siglo VIII o del siglo IX), los siete varones apostólicos llegaron a Acci (Guadix) cuando se estaban celebrando las fiestas paganas de Júpiter, Mercurio y Juno y los paganos les persiguieron hasta el río, pero el puente se partió milagrosamente y los siete varones apostólicos quedaron salvos. Una noble mujer llamada Luparia se interesó por ellos y los escondió, y se convirtió al Cristianismo después de haber levantado un altar a San Juan Bautista. A continuación los varones apostólicos se separaron para dar noticia del Cristianismo por distintas regiones de la Bética: Torcuato permaneció en Acci (Guadix), Tesifonte marchó a Bergi (Berja), Hesiquio a Carcere (Cazorla), Indalecio a Urci (Pechina), Segundo a Abula (Abla), Eufrasio a Iliturgi (Andújar) y Cecilio a Iliberri (Iliberris o Elvira, la actual Granada).
Actas del Traslado de los Restos de San Indalecio.

En el año de 1.084, reinando Almotacín en Almería:

“fue llevado al monasterio de San Juan de la Peña (Aragón) el cuerpo santo de Indalecio, de Almería (que está no lejos de aquella ciudad que antiguamente dijeron Urci, lugar muy celebrado en España Citerior, en los mismos confines de la Bética, en la costa de los pueblos que dijeron Batestanos), y fue con grandes solemnidades recibido el Jueves Santo de la Cena por el abad del mismo monasterio llamado Sancho, hallándose presentes el rey don Sancho Ramírez y el infante don Pedro, su hijo”.
“Estas reliquias del glorioso apostólico San Indalecio se conservaban en Pechina, la antigua Urci, donde el santo apostólico había fundado su Sede Episcopal, y que, habiendo decaído por el engrandecimiento de la vecina ciudad de Almería, sólo albergaba algunos cristianos, retenidos allí por la devoción del santo”.
“Hizo esta traslación por mano de un caballero principal residente en Murcia, llamado don García, y los monjes Evancio y García, venciendo muchas dificultades”.

Relato del monje Ebretmo sobre el traslado de los restos de San Indalecio desde Urci al monasterio de San Juan de la Peña:

“En aquel lugar se mantuvo el cuerpo del primer Obispo Urcitano san Indalecio hasta que quiso Dios fuese trasladado a Aragón, al monasterio de San Juan de la Peña, lo que, según cuenta la historia, provino por los deseos que el Abad don Sancho tenia de ilustrar su casa con Reliquias, a cuyo culto era muy inclinado, y sabiendo que las del Apostólico san Indalecio se conservaban junto a Almería en tierra dominada de moros, aplicó allí su atención, logrando promover por medio de un caballero muy principal llamado don García, que era pariente suyo, residente en Murcia, que vino a San Juan de la Peña con ocasión de pasar a Santiago de Galicia. Entonces manifestó el Abad su pretensión, y vuelto el caballero de su romería, ofreció cooperar con eficacia al logro, para lo cual llevó en su compañía dos monjes llamados Evancio y García, los cuales llegaron con felicidad a Murcia.”

“Sucedió que el Rey Moro de Sevilla tenía guerra con el de Almería y llamando el de Sevilla en su ayuda al caballero don García, llegó éste y los dos monjes a Paschena, lugar proporcionado para dar contra Almería, por causa de distar de allí poco más de una legua, y valiéndose los religiosos de tan buena ocasión, frecuentaban el Templo donde estaban las Reliquias del Santo, pidiendo a Dios con ayunos y oraciones les mostrase algún indicio del sitio donde yacía el Cuerpo. Sucedió, pues, que una noche se le apareció a Evancio un gallardo Joven, que, preguntándole lo que buscaba en aquel templo y oyendo que las Reliquias de san Indalecio, le declaró el Angel que hallarían el Sepulcro en el lugar que le señalaba con la mano, donde se levantaba de la tierra una llama. Añadióse que en aquel mismo sueño, en que se imaginaba andar por la Iglesia de san Indalecio, vio un viejo venerable, adornado de vestiduras preciosas, que, preguntado por el monje quien era, respondió que hasta entonces había sido Custodio de aquel Templo de san Indalecio su Señor, pero que ya, pues el mismo Santo quería irse con los monjes, también él le acompañaría”

“Despertando el monje muy gozoso, dio parte a su compañero y al caballero don García; pero no faltaron dificultades sobre el modo de proceder con cautela. Resolvió don García valerse de dos soldados de su satisfacción, los cuales manifestaron otra visión que tuvieron aquella misma noche, y, oyéndose al mismo tiempo el sonido de las cajas, que intimidaban la salida del Ejercito para ir sobre Almería, se facilitó el intento de los monjes, que así quedaron más seguros, metiéndose ellos en el templo con un capellán de don García y guardando la puerta los dos soldados. Estuvieron cavando hasta la noche y, aunque descubrieron el Sepulcro, les faltaba la luz, pero, hallando allí mismo unos cirios, pudieron proseguir y leer en la parte interior de la urna:

HIC RESQUIESCIT INDALETIUS PRIMUS PONTIFEX URCITANA CIVITATIS ORDINATUS A SANCTIS APOSTOLIS ROMA.

 

(Aquí descansa Indalecio, primer Pontífice de la ciudad de Urci, ordenado por los Santos Apóstoles en Roma)

Levantaron la piedra y salió tal fragancia del sepulcro que les parecía haber sido arrebatados al Cielo. Pero no pudieron proseguir la maniobra por haber entrado allí unos ladrones cerca de la media noche, que les impidieron el trabajo y fueron causa de que se retirasen los monjes a su alojamiento con la porción de Reliquias que habían recogido, dando cuentea de todo a don García, que se hallaba en el Ejercito, el cual se alegró íntimamente; pero todos sentían el que al día siguiente había de darse la batalla y para evitar tantas desgracias, clamaban al cielo por la intercesión de san Indalecio, a fin de que no pereciesen tantas vidas de cristianos, que de hallaban empleados en uno y otro ejercito. De hecho, estando ya encuadronados los campos, salió orden del Rey de Sevilla para que se retirasen sus tropas, con lo que al día siguiente prosiguieron los monjes su tarea y se apoderaron de todo lo que había en el Sepulcro, retirándose a Murcia con las Sagradas Reliquias. Aparecióseles varias veces el Santo con motivo de prevenir la decencia con que habían de hospedar sus huesos y para que los monjes caminaran con ellos a su Casa, pues se detenían demasiado en Murcia”.

http://www.romanicoaragones.com/0-Jacetania/25-SanJuanPena.htm

https://benazorin.wordpress.com/2009/01/01/biblioteca/

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Una respuesta a INDALECIO, VARÓN APOSTÓLICO

  1. Jose Luisb Ruz Márquez dijo:

    Este comentario va dirigido al titular de este sitio y lo hago en calidad de autor de un libro, “Almería y sus pueblos a mediados del siglo XVIII”. Me llamo José Luis Ruz Márquez y no Navarro como me ponen. Desde luego la mejor forma de no errar sería lo que hacen con mis textos y dibujos de mi libro “Los Escudos de Almería”: (Escudo municipal, Campos, Santa Cruz Almansa, Torres…): Ni una sola mención a su autoría. Creo que seria de justicia que rectificaran. Un saludo, José Luis Ruz Márquez

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