MORISCOS

Aunque la paz duró hasta finales de 1.499, el deterioro de las Capitulaciones ya se percibía en 1.495. Los Reyes trataron de cumplir sus compromisos. Iñigo López de Mendoza, conde de Tendilla, en el gobierno, fray Hernando de Talavera en la política religiosa, y el secretario real, Hernando de Zafra en la organización del territorio, debieron desenvolverse con tacto y paciencia. A los mudéjares se les permitía vender, pero no comprar, se les fue recluyendo en barrios separados, se les despojó de las armas blancas, se les obligó a prestar servicios no remunerados. Al tiempo se fomentó su segregación de los cristianos creando mercados distintos, prohibiéndoles que contrataran los servicios de musulmanes y que comprasen en las mismas tiendas. Simultánamente, se fueron avecinando en el territorio granadino nuevos pobladores – cuarenta mil entre 1.485 y 1.495–, que llegaban con la esperanza de encontrar fértiles tierras para establecerse con el ánimo de hacer rápida fortuna. Los problemas surgieron de inmediato, los recién llegados no obtuvieron los mejores lotes, propiedad de los nativos, ni podían, en general, competir con su laboriosidad y destreza. Por tanto, sus rendimientos fueron inferiores y la envidia fomentó quejas y calumnias contra los mudéjares, sobre los que recayeron paulatinamente mil presiones. Otro problema gravisimo fueron las aguas del río tan necesarias para los pueblos de su rivera y que Almería quería monopolizar. En enero de 1.500 se realizó una hermandad entre el Cabildo almeriense y el alcaide de la Taha de Marchena, siendo informados los beneficios de la misma por los alguaciles de Benahadux, Gádor, Huércal, Pechina y Rioja. En 1.515 se firmó un convenio por el que la Taha de Marchena se comprometía a “no impedir el paso de las aguas con nuevos edificios para que deje venir y correr el agua como solía y que los edificios nuevos y acequias que se han hecho desde el tiempo de la dicha vecindad antigua… se desharán y quitarán para que no perjudique al río si no que usen las aguas cómo usaban antiguamente”. Estos conflictos fueron resueltos mediante una concordia firmada en 1.520 ante el escribano Cristóbal de Biedma. Las presiones sobre la población islámica llegaron al límite cuando se les trató de convertir al cristianismo. “Y quedóse en Granada el arzobispo de Toledo don fray Francisco Ximenes, que después fue cardenal: con buen celo quísose informar de todos los moros que en qualquiera manera venian del linaje de xpistianos, y hazíales traer ante sí, y por buenas palabras y persuasiones procuraba con ellos que se convertiesen á nuestra saneta fé Cathólica, porque dezia que sin gravísimo pecado no se podia permitir que uiuiesen en ley de moros, y los que se convertían de esta manera en merced, dáualos y gratificáualos, y á los que no se querian convertir echáyalos en la cárcel, y trauajaba con ellos por todos los medios posibles, que se convertiessen. Pareció que esto tocaba á muchos moros y se escandalizauan de ello”. En el Albaicín, uno de los barrios donde habían sido concentrados los mudéjares, Cisneros convirtió la mezquita en iglesia bajo la advocación de Sta María de la O, lo que provocó la indignación de estos mudéjares que lo tomaron como una provocación. Todas estas triquiñuelas jurídicas, presiones y vulneración de las “Capitulaciones” crearon un clima de tan alta tensión que bastó un pequeño incidente para iniciar los gravísimos disturbios de diciembre de 1.499. Al parecer, varios alguaciles penetraron en el Albaicín y detuvieron a una muchacha, a cuyos gritos se congregó gente en la calle y en el tumulto pereció un guardia: “Y levantáronse y barrearon las calles y sacaron las armas que tenían escondidas y fisieron otras de nuevo y pusiéronse en toda resistencia”. “En este mismo tiempo se levantaron las Alpuxarras, que estaban todas pobladas de moros, donde por ser tierra fuerte y braua de su sitio se fueron muchos moros huyendo, y la razón deste leuantamiento fue por no tornarse xpistianos”. La sublevación fue sofocada en unos pocos días por el conde de Tendilla, con la eficaz ayuda del Obispo Talavera. En cuanto a los Reyes Católicos, no tuvieron escrúpulos en incumplir no sólo las capitulaciones, que consideraron papel mojado tras las sublevaciones, sino sus promesas de febrero de 1500 a los sublvados de las Alpujarras, a los que decían en una carta: “Sabemos que algunos os han dicho que nuestra voluntad era de mandaros, tornaros y haceros por fuerza cristianos, y porque nuestra voluntad nunca fue, ha sido, ni es que ningun moro se torne cristiano por fuerza, por la presente os aseguramos y prometemos por nuestra fe y palabra real, que no habemos de consentir ni dar lugar a que ningun moro se torne por fuerza cristiano…”. El rey Fernando estaba plenamente satisfecho, pero con el tiempo esta teoría del bautismo se demostraría errónea, pues, Ibn Ummayya, el sublevado alpujarreño contra Felipe II en 1.568, era nieto de aquel Omar Ibn Ummayya, sublevado en 1.500 y bautizado con el nombre de Fernando de Granada. Los musulmanes consideraban que el establecimiento de su poder político en la península era perfectamente legítimo, ya que los ejércitos islámicos habían vencido al poder político visigótico imperante en toda la península, logrando así el traspase del legítimo poder de aquella dinastía al de los califas omeyas de Damasco y, porque la mayoría absoluta de los habitantes de la península se habían convertido al Islam y habían vivido durante siglos como musulmanes en los territorios peninsulares. La ley islámica de la taqiyya o del qitmán obliga al musulmán a disimular su fe en caso de peligro importante; sólo se autoriza el «martirio» hasta la muerte en el caso de la guerra religiosa en defensa legítima de la comunidad musulmana. Este equívoco estuvo siempre en la raíz del problema religioso de los moriscos en la sociedad hispánica: eran considerados por los cristianos como «malos cristianos», mientras que ellos seguían siendo musulmanes en su corazón. La palabra «moro» proviene del latín maurus, que designaba en época romana a los habitantes del Magreb central y occidental. Pero las crónicas europeas medievales no suelen llamar «moros» a los musulmanes hasta las invasiones magrebíes en Al-Andalus en los siglos XI-XIII. La palabra «morisco» viene de «moro», con una terminación que indica diminutivo muchas veces con sentido despectivo. Los «moriscos» son los musulmanes de los reinos peninsulares que fueron obligados a convertirse al cristianismo a principios del siglo XVI. Así se les distingue de los «mudéjares» o musulmanes peninsulares originarios del Al-Andalus árabe que podían practicar su religión en la sociedad cristiana a lo largo de la Edad Media antes de esas conversiones forzosas del siglo XVI. La visita de Cisneros a finales del año 1499 impuso la conversión forzosa de los musulmanes españoles, reafirmada tras someter nuevos levantamientos de pueblos de las Alpujarras. A partir de 1501, ya no había oficialmente musulmanes en España, sólo había cristianos nuevos de origen musulmán o moriscos. Se calcula que de unos ciento cincuenta mil musulmanes granadinos se quedaron tras la conquista, y otros tantos pasaron a Berbería. Entre treinta y cinco y cuarenta mil colonos cristianos repoblaron el antiguo reino nazarí granadino. La época de los moriscos propiamente dichos abarca desde principios del XVI (conversión forzosa) a principios del XVII (expulsión general). Los moriscos eran llamados, desde el punto de vista religioso cristiano, «cristianos nuevos de moros». Descripción de los moriscos por el embajador veneciano durante su viaje por España en 1524-1526. “Los moriscos hablan su antigua y nativa lengua, y son muy pocos los que quieren aprender el castellano; son cristianos medio por fuerza y están poco instruidos en las cosas de la fe, pues se ponen en esto tan poca diligencia, porque es mas provechoso a los clérigos que estén así y no de otra manera; por esto, en secreto, ó son tan moros como antes, ó no tienen ninguna fe; son además muy enemigos de los españoles, de los cuales no son en verdad muy bien tratados. Todas las mujeres visten a la morisca, que es un traje muy fantástico: llevan la camisa que apenas les cubre el ombligo, y sus zaragüelles, que son unas bragas atacadas, de tela pintada, en las que basta que entre un poco la camisa, las calzas que se ponen en encima de las bragas, sean de tela ó de paño, son tan plegadas y hechas de tal suerte que las piernas parecen extraordinariamente gruesas; en los pies no usan pantuflas, sino escarpines pequeños y ajustados; pónense sobre la camisa un jubon pequeño con las mangas ajustadas, que parece una casaca morisca, los más de dos colores; y se cubren con un paño blanco que llega hasta los pies… También tienen todos los cabellos negros y se los pintan con una tintura que no tiene muy buen color. Todas se quiebran los pechos y por esto les crecen mucho y les cuelgan, y esto lo reputan y tienen por bello; se tiñen las uñas con alcohol, que es de color rojo; llevan en la cabeza un tocado redondo, que cuando se ponen el manto encima toma éste su forma; así los hombres como las mujeres acostumbran bañarse, pero las mujeres especialmente”. Comportamiento y la vida cotidiana de los moriscos antes de su expulsión: Historía de Plasencia, de Fr. Alonso Hernández. «Ejercitábanse en cultivar huertas, viviendo apartados del comercio de los cristianos viejos, sin querer admitir testigos de su vida. Otros se ocupaban en cosas de mercancía. Tenían tiendas de cosas de comer en los mejores puestos de las ciudades y villas, viviendo la mayor parte dellos por su mano. Otros se em¬pleaban en oficios mecánicos, caldereos, herreros, alpargateros, jaboneros y arrieros. En lo que convenían era en pagar de buena gana las gabelas y pedidos y en ser templados en su vestir y comida. Mostraban exteriormente a todo de con voluntad, y en estar advertidos en acrecentar los intereses de hacienda. No daban lugar a que los suyos mendigasen. Todos tenían oficio y se ocupaban de algo. Si alguno delinquia, á pendon herido eran á favorecerle, aunque el delito fuese muy notorio. No querellaban unos de otros; entre sí componian las diferencias. Eran callados, sufridos y vengativos en viendo la suya. Su trato común era trajinería y ser ordinarios de unas ciudades á otras. No se supo quisiesen emparentar con los cristianos viejos, ni que en los casamientos que hacian entre sí pidiesen la dispensacion al Pontífice romano en los grados que prohibe el derecho”. “Puede asegurarse que en manos de mudéjares y moriscos estuvo principalmente la producción artístico-industrial durante los siglos XV y XVI… Moriscos eran los alfareros que bajo el disfraz de nombres cristianos poblaban los barrios de Sevilla, siéndolo también los que en pobres viviendas producían riquísimas telas, labrados cueros, artísticas obras de metal, de cobre o de plata, armas, jaeces de caballos y demás objetos de arte suntuario; dedicándose también a las industrias vulgares, a la labor de los campos, y explotando, en suma, todas las fuentes de la producción”. Un texto de las Actas del Consejo de Guadalajara, del 29 de julio de 1598, donde se dice: “…que porque en estos rreynos ay grandisima abundancia de moriscos naturales del Reyno de Granada que a causa de no salir del rreyno ni entrar en rrelixion an multiplicado y ban creciendo en numero, y lo que es peor es que con que an dado en ser tenderos, tratantes y corredores y otros oficios de comercios y abastecimientos de las ciudades y lugares, como allan en estas grangerías y tratos mucha ganancia y poco trabajo an dejado la labor y agricoltura y se hacen ricos y

poderosos…”.portada Marmol

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