LOS REYES CATÓLICOS

Católica.

En 1.482, con la toma de Alhama de Granada por los reyes Católicos, se inicia la campaña para poner fin al último bastión musulmán en España. Las conquistas militares se vieron favorecidas por una política de capitulaciones merced a la cual la rendición a cambio de una serie de condiciones favorables permitiría un rápido avance de las tropas cristianas.
El reino de Granada era, desde el siglo XIII, el único territorio de soberanía musulmana que quedaba en la Península Ibérica. Su soberano, de la dinastía de los Banu-Nasr o nazaríes, era la cabeza visible del Islam de Al-Andalus. En Granada se reconocían todos los musulmanes mudéjares, que se hacían denominar «andalusíes» o «granadinos». Ocupaba las zonas montañosas de la actual Andalucía Oriental, desde las serranías de Ronda y Málaga hasta los límites murcianos de Almería, con la vega de Granada y la Sierra Nevada como centro y con una larga y estrecha costa, de Málaga y Almería, que le permitía relacionarse constantemente con el vecino Magreb islámico.

En el año de 1486, por primera vez en la historia de España, unos monarcas, los Reyes Católicos, quedaban investidos con un cúmulo tal de privilegios, que les permitía ejercer el “Patronato Universal”. Estos privilegios expresados en la Bula Ortodoxa Fidei de Inocencio VIII permitían ejercer un control efectivo sobre la “Iglesia institución”, por parte de la propia “institución monárquica”. El control institucional de la Iglesia y el de sus miembros, aseguran el dominio ejercido sobre los súbditos y la ausencia de un poder paralelo.
Continuando con su guerra de “reconquista”, el día 5 de abril de 1.488 los Reyes Católicos comienzan su campaña en la zona oriental del reino de Granada, que terminará con la toma de Almería. El primero de los éxitos fue la toma de Vera que capituló ante el ejército cristiano, teniendo los musulmanes que abandonar la ciudad llevándose sus pertenencias. A Vera le siguen los lugares vecinos que capitulan y se entregan. Se pacta con ellos y se permite a los musulmanes que queden como mudéjares en sus casas y haciendas, entregando únicamente las fortalezas, las cuales serían ocupadas por el ejército castellano. Si los musulmanes no querían permanecer como mudéjares podían emigrar a Granada.
El día 17 de diciembre el rey Fernando sale de Baza hacia Almería. La reina Isabel le sigue un día después manteniéndose esta distancia todo el viaje. De Baza van a Purchena que se les entrega, y después a Tabernas:
“Primeramente, que nos tomamos é rescebimos por nuestros vasallos mudexares á los dichos alguaciles é alfaquíes, alcadis, caballeros, viejos é buenos hombres de la dicha ciudad de Purchena é de todas las dichas villas é lugares del rió de Almanzora, é valle de Purchena, é sierra de Filabres, é so nuestro amparo é seguro defendimiento real…”.

Se da vista a Almería el día 21 y Al- Zagal, que se encuentra en la ciudad, sale a entregarla a Fernando y a rendirle homenaje...”e se apeó de un caballo… e le beso el pie e la mano, estando el rey don Fernando a caballo…”.
El día 22 de diciembre se abren las puertas de la ciudad y entra en ella Gutierre de Cárdenas, a quien se ha encomendado, y Pedro Sarmiento, primer alcaide cristiano. Fernando el Católico entra al día siguiente, miércoles 23 de diciembre, toma posesión de la fortaleza y la provee de guarnición cristiana. El jueves, víspera de Navidad, entra la Reina y aquí celebra la Pascua con una misa en la Mezquita de la Alcazaba purificada para tal fin.
Los términos de la capitulación pactada por Al-Zagal y los reyes Católicos para la entrega de Almería son favorables para los musulmanes, van dirigidos a que estos pasaran a la obediencia de los Reyes sin grandes quebrantos. La situación no variaría en lo que se refiere a los aspectos religioso, jurídico y fiscal. Sólo variaría en la superestructura política.
Se permitía a los moros permanecer en la ciudad con sus posesiones. Solamente la fortaleza y las otras defensas debían ser abandonadas y pasarían a los cristianos.
Se les permitía la tenencia de caballos y armas blancas, pero habían de entregar “los tiros de pólvora”.
EL aspecto fiscal no sufre variaciones, solo cambia la entidad receptora. Los musulmanes quedarían bajo sus leyes y sólo se someterían a sus jueces.
El aspecto religioso es de total respeto para las creencias de los almerienses. Las aljamas serán lugar vedado a los cristianos.
La lengua, las ropas y las costumbres serán también respetadas.
Los rehenes serán cambiados por los que hubiere en poder de los cristianos. Los cautivos serán puestos en libertad.
Los aspectos económicos son asimismo tratados en la capitulación.
Los judíos permanecerán en la misma situación en que se encontraban antes de la conquista.
Si a pesar de estos pactos, los habitantes de Almería no quieren permanecer en su ciudad, pueden abandonarla llevándose sus riquezas y podrán ir a Granada o pasar a África, para lo que se pone a su disposición barcos que les trasladarán con toda seguridad.
Los habitantes de Almería, como se había pactado, aceptaron estas condiciones estipuladas y juraron fidelidad a los reyes Católicos, prometiendo seguir pagando los tributos.
El año 1.490 los reyes Católicos comienzan la campaña para la conquista de Granada. Deseosos de terminar la guerra y eufóricos por la victoria, a los Reyes Católicos les urgió la necesidad de asimilar aquella minoría, una fuente de problemas y un peligro ante la actividad corsaria y otomana en las costas mediterráneas. Poco a poco comienzan a olvidarse de los pactos firmados, rompiendo promesas que los mudéjares habían aceptado confiando en la palabra de los Reyes. Se producen entonces tratos secretos entre los mudéjares de Guadix y Almería con Boabdil. Estos tratos conducirán a una rebelión contra los castellanos.
Cabía temer que en socorro de los sublevados acudieran sus correligionarios de las ciudades corsarias del norte de África o el propio Imperio Otomano, que se enseñoreaba de la mitad del Mediterráneo. Incluso cundía el temor de una nueva invasión musulmana de la Península.
Por tanto, era urgente sofocar el levantamiento y, para lograrlo, ni escatimaron recursos ni los medios más brutales, como el empleado por el conde de Lerín, que rindió la fortaleza de Laujar, en la zona del Andaráx, tras volar con pólvora una mezquita en la que se hallaban refugiados “multitud de moriscos con sus hijos e mujeres”.
La represión por parte de los reyes Católicos es dura. Se expulsa a los mudéjares y se manda hacer inventario de todos sus bienes. Empieza entonces el éxodo y la violencia anónima de imposición cultural y extorsión económica de un pequeño número de conquistadores sobre una población a la que amparaban tolerantes acuerdos.
Como consecuencia de todo lo anterior, las ciudades y villas fortificadas quedan despobladas, por lo que los monarcas castellanos se ven obligados a proceder a su repoblación. El sistema que se escoge es el Repartimiento. Se comienza a repoblar con cristianos traidos de otros lugares, a los que debe darse unos bienes con objeto de atraerlos a asentarse en estas tierras y al mismo tiempo para que puedan atender a sus necesidades. Por esto se procede a una ordenada distribución de casas y tierras.
Una vez sofocado el levantamiento se da comienzo a la repoblación. El día 25 de marzo de 1.491 es la fecha del poder que los reyes dieron al repartidor Diego de Vargas para que inicie el Repartimiento.

https://benazorin.wordpress.com/2009/01/01/biblioteca/

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